En el verano de 2008, la comunidad religiosa marianista en Linares soñó con una misión que respondiera al llamado de Dios: ofrecer dignidad y oportunidades a los más vulnerados, especialmente jóvenes y mujeres. Inspirados por María, madre y modelo de servicio, y bajo el amparo de su caridad maternal, nació Casa Estudio Chaminade, un espacio para quienes habían sido excluidos del sistema educativo formal.
El proyecto comenzó con pequeños gestos de amor: comida, abrigo y acompañamiento para adolescentes en situación de calle. Fue en estos actos de caridad cotidiana donde se gestaron los cimientos de una obra que hoy transforma vidas. La comunidad educativa y los laicos marianistas trabajaron incansablemente, llevando adelante encuestas, encuentros y acciones solidarias que evidenciaron la necesidad urgente de un espacio educativo inclusivo.
Con el paso de los años, Casa Estudio Chaminade creció, enfrentando desafíos como terremotos, falta de recursos y el dolor de la exclusión. Sin embargo, la fe, el compromiso cristiano y la intercesión de María permitieron superar cada obstáculo. Testimonios como el del Hermano Crescencio Fernández, quien dedicó su vida a educar y dar dignidad a los estudiantes más vulnerables, son un reflejo del espíritu de familia y entrega que define esta obra.
En 2018, tras años de esfuerzo y con la providencia divina acompañando cada paso, Casa Estudio Chaminade se consolidó como un establecimiento educacional reconocido, brindando esperanza a cientos de jóvenes y adultos. Hoy, este proyecto continúa siendo un referente en Linares, uniendo a la comunidad en torno al ideal marianista de construir un mundo más justo e inclusivo, donde nadie quede fuera del derecho a la educación.